suspensión
Los ojos estaban bien abiertos, o al menos eso creía.
La luz zambullía destellos en ellos y por momentos se sentía viajando, en otro espacio y tiempo ajenos, distantes.
Miraba a un lado y al otro, deteniendo la visión en cada puertita que se iba entonando, que se iba abriendo, que se iba cerrando.
Sufría, lloraba, pensaba y reía.
Temía perder, y ser portador de tanto.
Pero amaba la vida por sobre todo.
Amaba aquel perfume que emanaba la piel que golpea el agua.
Soñaba con poder beber la miel de la carne que se derretía por sus pezones.
Deseaba robarle el corazón.
Pero mientras caminaba, la puertita de su alma había pasado de largo y se había cerrado a sus espaldas. Se sentó a pensar, a llorar, a suspirar por la cerradura; a gritarle su nombre, a exponerle proyectos compartidos... podía ver sus ojos del otro lado, inundados de vino y de reproches.
Pero las paredes de aire se construyen.
Ella llora su vino empapando las flores que la rodean y que le abren sus capullos para embriagarse de dulzura y de amor.
Él continúa caminando en baldosas que vuelan y se marea, pero no cesa.
Espera que alguna vez las flores se marchiten y pueda emborracharse de amor.
La luz zambullía destellos en ellos y por momentos se sentía viajando, en otro espacio y tiempo ajenos, distantes.
Miraba a un lado y al otro, deteniendo la visión en cada puertita que se iba entonando, que se iba abriendo, que se iba cerrando.
Sufría, lloraba, pensaba y reía.
Temía perder, y ser portador de tanto.
Pero amaba la vida por sobre todo.
Amaba aquel perfume que emanaba la piel que golpea el agua.
Soñaba con poder beber la miel de la carne que se derretía por sus pezones.
Deseaba robarle el corazón.
Pero mientras caminaba, la puertita de su alma había pasado de largo y se había cerrado a sus espaldas. Se sentó a pensar, a llorar, a suspirar por la cerradura; a gritarle su nombre, a exponerle proyectos compartidos... podía ver sus ojos del otro lado, inundados de vino y de reproches.
Pero las paredes de aire se construyen.
Ella llora su vino empapando las flores que la rodean y que le abren sus capullos para embriagarse de dulzura y de amor.
Él continúa caminando en baldosas que vuelan y se marea, pero no cesa.
Espera que alguna vez las flores se marchiten y pueda emborracharse de amor.
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