boleadorasº

Su placer era la pesca.
Se arremangaba el pantalón hasta las rodillas y sus pies en el agua pisaban indiscriminadamente almejas y piedras.
Con la precisión de un coreógrafo estiraba su columna, posicionaba sus manos y sumergía la red en el agua turbia.
Lo intentaba una y otra vez, y fracasaba una y otra vez.
En cierto ocaso anaranjado, después de tanta dedicación devota en vano y ya viejo solitario, descubrió que la red estaba enrredada en un ovillo causante del impedimento de éxito concreto.
Un corazón latiendo a fuego lento era lo oprimido entre sogas.
Desató el nudo, y la cajita de su pecho abrió el cajón.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Soledad.

cold.

calle sin salida