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Mostrando las entradas de julio, 2007

tRAGEDIA.

Su vida era sólo eso, una vida más. La masificación del concepto de "la vida" le quitaba toda esperanza de encontrar una excusa idiota para abandonar el cuestionamiento constante. Cualquier intento de sentirse 'especial' lo hacía sentirse realmente ridículo; veinticinco años de ser un ser completa y enteramente ridículo. Un día, sin más, abrió los ojos. Al igual que en aquel momento donde la catarata de sangre cae sobre la tierra y la burbuja se rompe para henchirnos con una bocanada de aire real, abrió los ojos un largo rato y pensó. Pensar y actuar ¿son causa y efecto? Hasta ahora lo habían sido en contadas ocasiones. Parádojicamente a la íntima relación entre uno y otro existía una larga y espesa brecha entre ellos. Mucho tiempo dedicado a la reflexión y al encierro. Caminó tres pasos hacia la biblioteca y se reencontró con un libro de Virginia que había llegado a sus manos tres meses atrás por una simple casualidad. Lo abrió y la página 194 lo deslumbró con alguna...

Hora de dormir

Una cama cucheta. Dormía abajo, porque Luz iluminaba con su nombre. Tenía el pelo suelto y algo revuelto, y un pijama añiñado con algunos agujeros históricos. Dormitaba, bañada en transpiración saciada únicamente por un pequeño ventilador al costado derecho de la cama. El verano era cada vez más caliente, y la humedad se metía por todos los rincones. De pronto. Un hálito rodeó su cuerpo yacente. Se metió entre sus dedos y sus cabellos, le acarició la mejilla y reposó en su oído. "Siempre estoy" le dijo, como un susurro del viento, como la hoja de otoño que cae finalmente de aquel roble. Y aquella frase quedó resonando en su mente, un flechazo directo al blanco que perturbó su sueño. La transpiración se le enfrió y un antiguo pánico a la angustia existencial apareció. Abrió los ojos pero le costaba focalizar y darse cuenta dónde estaba. Las maderas de la cama de arriba le simulaban barrotes que cercaban quien sabe qué; la angustia comenzó en un llanto ahogado, casi imperceptib...

Paseo

Una noche de febrero. El cielo asomaba una luna llena y un millar de estrellas. Un olor a lluvia se transpiraba en cada poro y cien luciérganas se conglomeraban sobre el pasto junto a la ventana. La puerta se abrió y ella apareció. Tenía el pelo del color del viento, el flequillito sobre la frente, y un lunar bajo inmensos ojos café. Un vestidito rojo con un moño y zapatitos con medias a volados completaban la imagen. "Quiero ver el mundo" dijo susurrándose a sí misma. Dió el primer paso. Un oscuro cuervo apareció y le robó su tesoro y se lo llevó volando hacia el cielo. Se paralizó, contuvo el aire y la lágrima, buscó en el cielo, se culpó y se arrancó el moño. "Hay que seguir, no puede ser éste el mundo" afirmó con seguridad. El segundo paso y la hiedra arrasadora comenzó a trepar entre sus piernas, y la cubrió de desconfianza y contuvo su lengua y provocó la náusea. "Soy chiquita, por eso. Hay que crecer entonces" creyó con maldita ingenuidad y se m...