Paseo
Una noche de febrero.
El cielo asomaba una luna llena y un millar de estrellas. Un olor a lluvia se transpiraba en cada poro y cien luciérganas se conglomeraban sobre el pasto junto a la ventana.
La puerta se abrió y ella apareció.
Tenía el pelo del color del viento, el flequillito sobre la frente, y un lunar bajo inmensos ojos café. Un vestidito rojo con un moño y zapatitos con medias a volados completaban la imagen.
"Quiero ver el mundo" dijo susurrándose a sí misma.
Dió el primer paso. Un oscuro cuervo apareció y le robó su tesoro y se lo llevó volando hacia el cielo. Se paralizó, contuvo el aire y la lágrima, buscó en el cielo, se culpó y se arrancó el moño.
"Hay que seguir, no puede ser éste el mundo" afirmó con seguridad.
El segundo paso y la hiedra arrasadora comenzó a trepar entre sus piernas, y la cubrió de desconfianza y contuvo su lengua y provocó la náusea.
"Soy chiquita, por eso. Hay que crecer entonces" creyó con maldita ingenuidad y se mantuvo erguida.
Pero al dar el tercer paso dos gansos blancos y hermosos aparecieron.
"Por fin puedo jugar con alguien" pensó inmediatamente, pero en cuanto se acercó a acariciarlos dulcemente aparecieron manchas en su pelaje y comenzaron a atacar cada uno de sus pies rompiéndole sus zapatitos y arrancándole los volados.
"Pensé que eran inofensivos" se dijo desilusionadamente, pero no había caso, apenas intentó dar el cuarto paso la tierra se abrió ante ella y apareció el abismo.
Su pelo era remolino, sus ojos eran mar y nada quedaba ya de aquel vestidito rojo a excepción de algunos harapos que sólo aumentaban la melancolía de lo perdido. Sus pies estaban fríos y sucios y la médula espinal se le chorreaba por la nariz. El cielo se estremeció y nieve gris inició lentamente su caída.
Ella quiso gritar pero las cigarras le robaron su voz y una embestida de miedos la sorprendieron por la retaguardia sin que pudiese reaccionar. Y cayó al abismo.
Y veía como ese cielo se alejaba a medida que se hundía en esa grieta mientras gritos ahogados y manos intermitentes hacían gestos de llamada que no podía responder.
Cayó y fue como si hubiese muerto. Pero nadaba en un mar espeso, amarillento, hediondo, desagradable que la llevaba flotando con la corriente.
"Menos mal, podría haber sido peor" se dijo a sí misma como para tranquilizarze mientras que su pié se atoraba en un alga del fondo de ese mar. Trató de zafarse pero se dió cuenta que su nariz lograba asomar y tomar aire; se quedo ahí, respirando o pensando en respirar.
"No entiendo, ¿cuál es el sentido de éste paseo?" se preguntó, pero una bandada de pájaros de distintas especies, colores y tamaños sobrevolaron su cabeza. Ella podía observarlos, contemplarlos, analizar su aspecto desde la lejanía, desde lo que el líquido le permitía y soñó con volar, con desplegar alas y sentir la brisa en su cara, y estar con otros volando a la par; soñó sueños, inventó inventos, imaginó imaginaciones y fantasió fantasías hasta que tres pájaros se acercaron lo más posible hacia ella.
Se abrieron formando un triángulo sobre su cabeza y le preguntaron por qué no iba a volar con ellos.
"¿No ven como estoy?" les dijo y rápidamente se sintió el peor ser del mundo. Los pájaros no tenían ojos y ella se los hechaba en cara. Los pájaros reiteraron su pedido pero ella no pudo decirles que estaba atrapada; no pudo explicarles como ayudarla a salir de allí; no pudo enseñarles como podían darle alas. Simplemente les dijo la pura verdad:
"No puedo quererlos" y los pajaros se fueron uno a uno hasta dejarla completamente sola.
"No quiero vivir en un mundo sin amor", y la nariz que asomaba desapareció.
Comentarios
Cuánta muerte a veces en lo que escribimos pero también cuánta belleza...