- "Espera. ¿Cómo te llamás?". Fue lo primero que atiné a decirle. Quería completar mi concepto y concentrarlo en un nombre, en su nombre. Es cuestión de semiótica; el nombre es el signo presente en representación de un objeto, su nombre es el signo que lo representa. Quizás, más ingenuamente que ingeniosamente esa fue la primera pregunta que le dije, con el mero propósito de lograr a partir de allí conocer a ese sujeto que tanto llamaba mi atención. -"Marcelo". Fue todo lo que me dijo y una sonrisa inundó sus labios. Sin embargo yo sabía que ese signo no era el correspondiente directo con ese objeto. “Situaciones extrañas se suceden a cada minuto” pensé, imaginaciones que se hacen presentes. Porque ahí estabas vos Marcelo, pero eras más que eso, eras mucho más que un nombre, eras quizás una fantasía, una transportación de anhelos en un cuerpo viviente. Te miré apenas entraste a ese cuarto oscuro, frívolo, histérico, grosero y algo llamó mi atención. Quizás fue ese ...