Ad eternum...?
PREMISA
Una mujer que se da por vencida porque nunca va a ser perfecta. Y qué sentido tiene la vida si no sos perfecto?
Futurístico pero actual.
Moderno pero clásico.
Es la Julianne Moore en “Las Horas” pero soy yo a cada hora, y ella y la otra y la de más allá.
Sin edad y sin género, somos todas.
Ana. Se llama Ana.
Y su cocina es muy blanca. Como la de la foto. Es antigua pero muy new age.
La ventanita es muy importante, pero muy. Para ver al vecino, al de enfrente, al reflejo, al que representa todo aquello que no somos, todo lo que queremos ser, o aquello que creemos que debemos ser. Se me traba la lengua. Igual se entiende.
La ventana suda. Suda lo que nosotras no podemos. Lo que no se nos permite. Suda la melancolía de un mundo que nunca fue mejor pero que agrupa los anhelos históricos de miles de mujeres bien peinadas, todas en fila o en ronda o en pilas.
Qué hay del otro lado? La selva, el descontrol y la vida.
Geometría por sobre todo, todo. Quiero ver cuadrados perfectos, negros, pero también líneas, rayas, rectángulos y una nota al pie: la luz es un círculo incompleto. Quién hubiera dicho que en la luz está la imperfección. Ni idea. Ruptura.
Reina el orden, pulcritud, limpieza, blancura.
Hablemos de Ana. Es una mujer de valía. Flaca, con el pelo por los hombros y una pollera rayada. Tiene la mirada perdida. Movimientos precisos pero rígidos. Toma té de jazmín.
El saco. Tengo un problema con el saco. No me cierra. No tiene sentido. Ni con la cocina, ni con la pollera a rayas, ni con ella, ni con la geometría. Tengo un problema con el cuadrillé de las mangas y con la textura y con la caída. Tengo un problema y no sé si hay salida.
Ana lo intenta pero con ese saco no va a ganar la partida, pobre querida. No es suficiente.
Siempre hay algo que no cuadra en la planilla.
A la pasta le falta sal, las papas están quemadas y así no se come la carne por más de que te guste. No está bien querida, no es lo correcto, no es el punto al que se tiene que comer.
Lavame la ropita, bien prolijita, dobladita, planchadita.
Ana vive en una casa grande, muchos cuartos que preparar, que decorar, que amueblar.
Ana es flaca pero tiene los pies demasiado grandes. Hace ballet pero tiene escoliosis.
Sus labios son rojos, como debe ser.
Ana está sola al final del día.
Y se acuesta y piensa en otra vida.
Lo ve en una pintura que tiene escondida. El color, el sexo, la poesía.
Es Alejandra, Frida, Virginia.
Es el recorte, el marco, lo que no vemos lo que nos demuestra la teoría.
Su cuerpo siempre recortado? Nunca está entera porque nunca está completa.
La técnica que se funde con la narrativa. Es eso lo que le da la valía.
Ana cocina una torta de cumpleaños, siguiendo exactas las instrucciones. Todo blanco.
Harina, leche, azúcar, manteca. El chocolate puede ser lo negro, pero sigue siendo todo en blanco y negro. Ella quiere ponerle frutillas, pero me irrumpe el color y no va. Así no. No me cambies la paleta Ana querida. Está bien mamá, como vos digas.

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