soledad in situ
Deseaba la caída de sus párpados, tan sólo eso. Pero su mente no dejaba de funcionar. La relajación era un estado casi desconocido para ella que revolvía las sábanas una y otra y otra vez.
Tenía frío; se levantaba de un movimiento rápido, rígido, frenético. Abría las puertas del placard del cuarto contiguo, que alguna vez fue de su hermano y se decidía por la frazada a flores rosada.
La agarraba violentamente y tironeaba hacia fuera: tiraba las frazadas restantes.
Rezongaba, cantaba, hablaba, imaginaba.
La soledad era moneda corriente en esos días de Julio. El frío de Buenos Aires conspiraba con el espíritu de companía y Marcela lo sabía.
Otro domingo reflexivo. Piyama, mates y la radio sonando de fondo.
Después de reacomodar las frazadas caídas, volvía a la cama y se desplomaba en ella sin lograr soltar su peso al colchón. Una presión oprimía su pecho, un deseo oculto, un anhelo de amor, un...
Buscaba estrategias para tratar de acomodar sus ideas, pero todo era en vano.
El sentimiento estaba presente, pero la razón había sido expulsada de la causa. Ese era el único entendimiento posible. Simplemente hay cosas que carecen de explicaciones necesarias y no por ello dificilmente posibles.
Algo se había modificado en su respiración los últimos días, ya no era la misma; quizás por anhelo, quizás por verdad, quizás en la búsqueda... se sentía extraña. Eso no le pasaba a menudo, ya predecía las relaciones, ya construía situaciones, veía finales, anticipaba palabras y sentimientos.
Hoy su situación era otra, así, de la nada, sin darse cuenta, sin buscarlo, sin planearlo, sin analizarlo.
Apareció frente a ella un aluvión de preguntas mientras bebía un sorbo de agua, pero nada la satisfacía.
12.58 a.m. Movía la almohada de lugar, ponía sus manos debajo; sabía que al día siguiente tendría que madrugar y sin embargo no conciliaba el sueño.
¿Qué le estaba pasando? Era lo que se preguntaba.
Sin buscar un por qué simplemente sólo pensaba en él.
Abrió el cajón, tomó su cuaderno y un lápiz y escribió:
creo que estoy sintiendo cosas por vos
y el espíritu de companía que la fría Buenos Aires le había expropiado la abrazó junto al papel.
Comentarios