Palabracción
Los ojos bien abiertos.
Eso es lo que se hace falta. No sólo hoy, sino siempre.
La ATENCIÓN despierta puede cambiar tu vida, de un momento a otro.
No sabía qué hacer conmigo. Qué iba a ser de ésta mediocre?
La mediocre soy yo, que con aires de grandeza, me choco contra el fondo del tarro una y otra vez.
La exigencia me tiene atrapada. Quiero escalar, pero siempre pienso que debería hacerlo de una manera mejor, diferente y entonces... me cansó. Ya fue, me quedo ahí. Sola. Pensando.
Bueno, bla.
Cuestión que me decidí por un corte de pelo.
Caí en manos de Willy, qué tan amable se hizo portador de mi confianza total: "Hacé lo que quieras. Confío en vos."
Así de fácil me entregué. Lo que nunca.
Lo que la necesidad.
Antes era el llanto interior cada vez que la tijera empezaba su trabajo. No fue así ésta vez.
Sentía una limpieza. Cortaba lo que no servía ya. Me deshice del pasado que me pesaba en cada rulo.
Algo nuevo salía en mí. Una otra que estaba por ahí pero que no podía ver.
Sólo con coraje podemos ser diferentes. Pensar que hay otra posibilidad, que alguien puede ver que nuestro rostro anguloso es un mar de posibilidades y no sólo la medida que conocemos vale mucho.
Salí respirando diferente. Con la camisa colorida al viento y un flequillo largo que acompañaba.
No sabía para donde ir, pero no importaba.
Me fui a buscar ese refugio que tan bien me sienta para el disfrute, entre miles de libros.
Y música.
Y después café.
Y un libro en mis manos junto a la barra. Esa en la que pega el sol de frente, en la que se puede ver el mundo pasar. Pero no sólo afuera, sino también adentro.
"La elegancia del erizo". Por fuera las espinas, por dentro la elegancia, la fragilidad sensible de un mundo contenido. ¿Acaso se puede "ser" de otra manera?
Me hundí en la lectura. Un flat white que hacía mucho no saboreaba me acompañaba a cada página y, como siempre, el lápiz negro en mi mano. Sentirme poseedora de tamaña posibilidad de intervención en la lectura me transporta. Me hace vivir cada página como si fuera la última. Cada frase recobra ese significado del impacto en mi memoria.
Sonreir con cada nueva reflexión, con cada nueva frase a ser subrayada.
y de pronto...
El golpe contra la ventana y unos ojos ansiosos que me miran fijo.
Una libreta abierta y unas palabras. Podrían ser sólo eso, palabras fugaces, palabras escritas sin sentido en una libreta rayada. Pero no.
Son palabras que son acción, que son invitación.
"Un gran libro, después contame qué te parece..."
Su teléfono y su nombre.
Contactame, hablame, contame, pensemos juntos, compartamos la reflexión de las maravillosas palabras de Barbery. Me interesás, te gusta lo mismo que a mí, yo también leí ese libro, ese libro cambió mi vida, se te ve tan contenta leyendo...
Quizás en otra vida, me digo.
y sin embargo...
Gracias Agustín por tus palabras que transmutaron en éstas palabras de hoy.
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