smaerd
Un viaje...
Micros, trenes, casas alquiladas.
Mis padres con sus preguntas, sus preocupaciones, sus juzgamientos.
Por qué con él?
Qué te motiva?
Por qué así?
Un micro lleno de gente y entre toda esa gente está él, Orlando, como siempre, parado, observando, pasivo, tranquilo, delegando la decisión.
Yo, a metros de distancia elijo qué ropa usar. La ropa como símbolo de lo compartido.
Después de hablar, hablar y volver a hablar con mis padres sobre mi relación con Osvaldo los cuestionamientos me superan me hago un lado mirando de reojo, siempre mirando de reojo.
Qué te pasa?
Qué te retiene?
Cuál es tu duda? pregunta mi madre.
No lo sé, le respondo.
Me pongo un pantalón, el pantalón que connota a Orlando que continúa observando desde la distancia, desde su lugar seguro rodeado de amigos.
No sé muy bien qué intento hacer o por qué intento atrerlo, enviarle un mensaje oculto o jugar con él una vez más. "Es tan excitante el juego"
Te pasa algo con alguien más?
Estás confudida con otra cosa?
pregunta nuevamente mi madre.
Fuerte, segura, parada sobre una confianza que trastabilla y con el alma partiéndose en mil pedazos afirmo que No.
Mis padres, con una inconformidad conformada abandonan el lugar.
Yo quedo ahí parada, en ese micro, casa, viaje y todo a la vez.
De pronto, como si todos los deseos hicieran una gran colisión, Orlando se acerca decidido, murmurando mientras yo de espaldas a él, sólo alcanzo a percibirlo y a sorprenderme.
Un paso de baile y una confianza mezclada con un gran temor se denotan en un temblequeo de manos firmes y movilizadas para derivar en la estupefacción:
Un beso.
Un gran beso que emana toda una cantidad de significados y valores acumulados durante tantos segundos eternos y que se expresan así.
El beso más hermoso, intencionado, conciente, luchado, ganado y deseado.
Ya nada importa, sólo estar entre sus brazos que tan bien me saben abrazar.
*
Micros, trenes, casas alquiladas.
Mis padres con sus preguntas, sus preocupaciones, sus juzgamientos.
Por qué con él?
Qué te motiva?
Por qué así?
Un micro lleno de gente y entre toda esa gente está él, Orlando, como siempre, parado, observando, pasivo, tranquilo, delegando la decisión.
Yo, a metros de distancia elijo qué ropa usar. La ropa como símbolo de lo compartido.
Después de hablar, hablar y volver a hablar con mis padres sobre mi relación con Osvaldo los cuestionamientos me superan me hago un lado mirando de reojo, siempre mirando de reojo.
Qué te pasa?
Qué te retiene?
Cuál es tu duda? pregunta mi madre.
No lo sé, le respondo.
Me pongo un pantalón, el pantalón que connota a Orlando que continúa observando desde la distancia, desde su lugar seguro rodeado de amigos.
No sé muy bien qué intento hacer o por qué intento atrerlo, enviarle un mensaje oculto o jugar con él una vez más. "Es tan excitante el juego"
Te pasa algo con alguien más?
Estás confudida con otra cosa?
pregunta nuevamente mi madre.
Fuerte, segura, parada sobre una confianza que trastabilla y con el alma partiéndose en mil pedazos afirmo que No.
Mis padres, con una inconformidad conformada abandonan el lugar.
Yo quedo ahí parada, en ese micro, casa, viaje y todo a la vez.
De pronto, como si todos los deseos hicieran una gran colisión, Orlando se acerca decidido, murmurando mientras yo de espaldas a él, sólo alcanzo a percibirlo y a sorprenderme.
Un paso de baile y una confianza mezclada con un gran temor se denotan en un temblequeo de manos firmes y movilizadas para derivar en la estupefacción:
Un beso.
Un gran beso que emana toda una cantidad de significados y valores acumulados durante tantos segundos eternos y que se expresan así.
El beso más hermoso, intencionado, conciente, luchado, ganado y deseado.
Ya nada importa, sólo estar entre sus brazos que tan bien me saben abrazar.
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