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Anoche te ví.
Me cuesta saber a cuántos cientos de kilómetros de distancia estás de mi, y sin embargo soy portador de algo más poderoso que la física, más arriesgado que la realidad y más auténtico que el propio ser.
Mis Sueños.
Anoche te escurriste en uno de ellos y me pregunto qué...
ggggggggggrrrrrrrrrrrrrrr
Una estética un tanto futurista, una ciudad en la montaña junto al mar y mi ser parado sobre el muelle, observando. Un panorama de inmensidad, un vaivén de olas danzantes rompiéndo contra las rocas y unos barcos rectilíneos definen el paisaje.
Una calle amplia y límpida con una belleza y orden extraños acobijan un puesto de trabajo en sus cordones que vos y él atienden.
Al final de la calle una entrada a un subte y dentro, una puerta secreta que unicamente yo puedo ver, da paso a una cueva con diez o quince personas que sólo hablan de qué lugar ocupar para poner la bolsa de dormir. Sin entender nada, los sigo, busco mi lugar y salgo de la puerta secreta de nuevo al subte.
En medio de la gente, los trenes, los mendigos y los perros falderos estabas vos, con tus ojos tan abiertos, buscándome...
Salimos de ahí hablando, como si nada, hasta que alcanzamos el puesto callejero nuevamente y todos a su alrededor, con él.
De pronto, un hexágono espejado y una silla. Una noche de tormenta, un día de invierno, un acolchado a rombos, una silla negra, una caricia contenida... ahhhhh. Te sentás en mis piernas; una atracción difícil de aguantar, imposible de sostener, comprobable de arruinar, sensaciones como aquellas.
'A veces me gustaría que algo pase en el mundo y que mueran casi todos, pero que quedes vos' te digo al oído susurrando...
Todo tan deseable, tan perfecto, pero tan fácil. No hay oposición, él no la ofrece, el camino está libre para ganar la figurita y sin embargo... no lo permito.
Me levanto, furioso y corro lejos, corro como si no existiera un mañana, como si las piernas desearan salir libres de mi cuerpo; llego al muelle extasiado y alzo mis ojos buscando el sol. De pronto, Oscuridad.
El sol, muta su aspecto de amarillo a naranja mientras rota lentamente simulando un eclipse soberbio, descomunal; componiendo una imágen con una atmósfera apagada y millones de estrellas encendidas.
El cielo negro y mi razón inmóvil, deslumbrada, tratando de entender la destrucción, intentando esquematizar la inmenente explosión del sistema solar y no encontrando una explicación viable logra reaccionar...
Corro buscándote, recordando las últimas palabras que te dije al oído, anhelando la concreción de ese deseo tan profundo. Corro pero no logro encontrarte, grito tu nombre al vacío pero sólo el eco se acerca, el tiempo se me está acabando, la colisión es cuestión de segundos, ya no puedo esperar más...
Entro al subte buscando la salvación; traspaso la puerta y encuentro el refugio necesario. Un conjunto de personas encerradas desde algunas décadas atrás -resguardados de cualquier explosión, de cualquier caos solar, de cualquier rayo de sol- juegan un partido de poker inacabable.
Un hombre un tanto extraño, retraído, distante, ausente, camina lentamente hacia mí, me mira con ojos tristes, con rastros de melancolía encogida y aplastada. Me recuerda mucho a alguien, conozco esa expresión...
Su barba ya blanca esconde cicatrices y sus labios coartados por el tiempo tan sólo me atinan a decir: "este es tu lugar para dormir".
Un segundo de eternidad corre por mi frente, la angustia de la existencia solitaria, de la supervivencia de un par de huesos viejos, de la pasividad de la vida, de la pérdida de tu figura, de aquella caricia contenida...
tttttttttttrrrrrrrrrrriiiiiiiiiiiiiiiii
Suena el despertador y ya no estás acá.
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