volcano

Esta es una historia distinta… poco convencional, fuera de lo común; patética.

Son exactamente las 2.30 am y nuevamente no puedo conciliar el sueño. tan fácilmente como hace algún tiempo. Doy vueltas en la cama, busco algún libro en el cual zambullirme a rienda suelta, algún libro que logre enmiriñarse en mis sentidos, en mi mente y logre transportarme más allá. Quizás la literatura sea eso en mi vida, la posibilidad –aunque sea imaginaria- de un mundo distinto, de un mundo de múltiples caminos y dimensiones paralelas, de un mundo que me dé la fe que necesito para creer en algo más; para creer en los cambios, en la existencia real de los núcleos y en todo aquello de mi vida que se torna confuso y difícil de explicar con claridad.

Finalmente: el cajón. El cajón del consuelo. Un cajón que me acompaña desde hace tantos años, que fue hecho para contener cosas preciadas, o no tanto, que nunca tuve tiempo o que nunca me animame a tirar… las agendas de años anteriores, una linterna, una caja de cigarrillos -por si me agarra otro de esos días como hoy, donde me siento perdida, donde estoy aturdida y necesito llegar a mi extremo- y un poco más atrás, casi como escondido, mis cuadernos escritos y al abrirlos: sus cartas.

Hace tiempo que no recibo alguna nueva, al menos escrita con su puño y letra salvo algunos mails que decidí no imprimir. Hoy me vino a la mente su ser, extrañé su presencia y necesitaba un abrazo suyo pero en cambio me encontré con sus cartas, con sus mails y mi nostalgia. Aquel mundo que veíamos cuatro años atrás cambió y cambia cada día, demostrándonos su mutabilidad, su transformación y su avance.

Hoy quería todo eso, en cambio recordé aquel deseo de escribir nuestra historia, de revivirla en torno a poder entenderla y poder seguir hacia delante: juntos.

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